martes, 24 de agosto de 2010

TIWANACU


En Bolivia, a unos 70 kilómetros de La Paz, hay unas ruinas llamadas Tiwanaku. Ruinas que atestiguan que ya en el altiplano andino existía orden entre los humanos antes de la clásica Grecia. Culturas que sólo se pueden comparar con las de la Mesopotamia olvidada.

Tiwanaku fue una ciudad, es posible que fuese capital, de una civilización que surgió en el valle Pampa Koani, al sur del lago Titicaca, en la presente Bolivia. Se estima que esta ciudad ya existía cinco siglos antes de Cristo y perduró por más de 1500 años.
Realmente se sabe muy poco de esta civilización y de esta ciudad. En parte porque aun falta mucho por encontrar y reconstruir para poder tener una idea completa. Y en parte porque hasta hace poco todo lo que se encontraba era destruido.


Esta civilización, llamada la de Tiwanaku, tuvo su éxito gracias a sus extensos campos de cultivo. Se estima que su agricultura era capaz de abastecer la población actual de Bolivia. También eran buenos guerreros y llegaron a conquistar todas las otras culturas alrededor del lago y gran parte del altiplano. Mantuvieron comercio con otras regiones, llegando hasta las costas de Chile y las zonas tropicales de la cuenca amazónica.


Esta civilización abandonó sus ciudades y templos en el siglo XII, según la conclusión de los expertos en estos estudios. Existen teorías de terremotos (sin base científica), ataques de otras culturas (¿cuál?), y secas (¿y qué del lago y las montañas nevadas?). Es posible que Tiwanaku haya sido víctima de una de estas desgracias, o es muy posible que haya sido una revolución interna. Todo lo que se toma es un habla bonito que diga que lo existente no es bueno. Cuantas veces hemos oído las promesas de justicia e igualdad, sólo para terminar la gente en la guillotina o el paredón. Y a la historia después se le olvida el cuento.




Par de siglos más tarde surgieron los Incas, con su sede en Cusco. Poco después llegaron los europeos y ahí fue donde todo lo que estaba a la vista en Tiwanaku desapareció. Todo lo que no era de la religión de los evangelizadores era pagano y por tanto fue destruido. Las piedras sirvieron de paredes para las nuevas casas y las iglesias. Por último lo que quedó se dinamitó para ser usado como grava en la línea del ferrocarril.

Sin embargo tal parece que la tierra sabe lo que hace porque gracias al destrozo Tiwanaku ya no es más que una sombra de lo una vez fue. Una sombra que ahuyenta al que sólo quiere mirar y atrae al que de veras quiere apreciar. Sea su viaje científico, turístico, o espiritual, allí encontrará la paz para reflexionar.





En realidad Tiwanacu no son ruinas de piedras para el turismo. Es un templo vivo y como tal nosotros respetamos. Allí se congregan cientos, tal vez miles, de personas los días que la comunidad estima sagrados. El Año Nuevo de la cultura aymará, predominante en esa región, se celebra el 21 de junio. Ese día los rayos del amanecer penetran por la puerta del templo Kalasasaya e iluminan al impresionante Monolito de Ponce. Ese amanecer todo creyente está en Tiwanaku, al menos en alma sino es en cuerpo.

Tras el Monolito de Ponce, hay otro en otra sección del templo, vimos unos altares de piedra. Nos dijeron que en ellos se hacen las debidas reverencias de acuerdo a la ceremonia que se esté efectuando. Los peregrinos traen ofrendas de flores y hierbas santas.

Desde La Paz puede tomar un tour hasta Tiwanaku. Si su visita es simplemente académica en un día puede hacer todo el recorrido. Si es de creencias, le recomendamos que se quede en el pueblo de Tiahuanaco una o dos noches. Existen otros lugares cercanos que también puede visitar.

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